martes, 16 de mayo de 2017

EL ROSTRO DE LA FAMILIA

Acostumbraba levantarme temprano, cada vez que habría los ojos observaba mi familia caminar rápidamente, aún no entendía porque lo hacían, pero era eso por el cual me sentía seguro con ellos. Eran mis hermanos quienes corrían de un lugar a otro buscando sus útiles para llevar al colegio, mi madre quien preparaba el desayuno, mientras que mi padre alistaba sus cosas para ir al trabajo, todos rodeados de sus ocupaciones, movilizándose dentro la casa de un lugar para otro. Yo, recostado en mi cuna, observando todo desde abajo, rodeados de juguetes que ni siquiera entendían por lo que estaba pasando, esas eran todas mis mañanas, un poco críticas, pero me gustaba esa familia.
Con mucha ansia esperaba que el reloj diera las ocho de la mañana, eran esas horas donde la casa estaba en completo silencio, donde mamá era la única que estaba conmigo, sus ocupaciones terminaban, su tiempo la dedicaba solo a mí. Siempre esperaba algo de ella, que llegue ese momento que hacia todos los días, salir al parque conmigo, jugar, respirar un aire libre, tratar de encontrar algo diferente cada día pero siempre de la mano de ella. Quizás no podía agradecerle y decirle lo mucho que me encantaba salir con ella al parque, sé que ella notaba mi alegría, conocía lo que yo quería hacer, estaba siempre a mi lado, pendiente del peligro, de lo que me podía pasar, de lo que podía hacer, no le importaba si me ensuciaba y si caía, ella estaba ahí para ayudarme a levantar, no permitía que deje de hacer lo que me gustaba, esa era mi madre, la que pasaba más tiempo conmigo, deseaba que papá también estaría ahí pero él tenía otras necesidades, mis hermanos iban al colegio ellos tampoco podían acompañarnos en nuestras salidas con mamá, así que el mayor tiempo de la infancia lo pase con mi madre. 
Como no recordar esa infancia, toda la familia juntos, disfrutar la comida sobre nuestra mesa, ver pelear a mis hermanos, ver molestarse a papá, llorar cuando deseaba algo, querer hacer las cosas que hacían mis hermanos, jugar con sus juguetes, correr, pero aún era un niño, por mi edad se me impedía hacer muchas cosas, así que dependía en gran manera de mis padres.
Esa familia, esa infancia, los momentos vividos con ellos son el mejor recuerdo que puedo tener en la vida, cuando pienso en todos nosotros juntos, siento que inicia nuevamente mi vida, que es un nuevo comienzo, un nuevo despertar, pero que esta vez rodeado no de personas con las que me siento seguro, sino de una sociedad donde a veces tienes que pasar por cosas, que desconoces, donde fracasas, donde caes, y observas que esa persona cuando eras niño te ayudaba a levantarte, ya no está, se fue, pero te dejo y te enseño algo importante, a ganar, perder y levantarte.
Todos en la calle me preguntan dónde está mi familia. Mis padres tuvieron que partir, cumplieron el rol por el que vinieron al mundo, dejaron sus huellas, recuerdos, incluso sus sueños, todo lo que ellos no alcanzaron las estamos cumpliendo sus hijos.
 Gracias seres desconocidos por traernos al mundo, por criarnos, incentivarnos, ensenarnos, corregirnos y por todo, gracias familia, ese niño que a principios no entendía nada, ahora está cumpliendo su objetivo.             


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