EL ROSTRO DE LA FAMILIA
Acostumbraba levantarme temprano, cada vez que habría los
ojos observaba mi familia caminar rápidamente, aún no entendía porque lo
hacían, pero era eso por el cual me sentía seguro con ellos. Eran mis hermanos
quienes corrían de un lugar a otro buscando sus útiles para llevar al colegio,
mi madre quien preparaba el desayuno, mientras que mi padre alistaba sus cosas
para ir al trabajo, todos rodeados de sus ocupaciones, movilizándose dentro la
casa de un lugar para otro. Yo, recostado en mi cuna, observando todo desde
abajo, rodeados de juguetes que ni siquiera entendían por lo que estaba
pasando, esas eran todas mis mañanas, un poco críticas, pero me gustaba esa
familia.
Con mucha ansia esperaba que el reloj diera las ocho de la
mañana, eran esas horas donde la casa estaba en completo silencio, donde mamá
era la única que estaba conmigo, sus ocupaciones terminaban, su tiempo la
dedicaba solo a mí. Siempre esperaba algo de ella, que llegue ese momento que
hacia todos los días, salir al parque conmigo, jugar, respirar un aire libre,
tratar de encontrar algo diferente cada día pero siempre de la mano de ella.
Quizás no podía agradecerle y decirle lo mucho que me encantaba salir con ella
al parque, sé que ella notaba mi alegría, conocía lo que yo quería hacer,
estaba siempre a mi lado, pendiente del peligro, de lo que me podía pasar, de
lo que podía hacer, no le importaba si me ensuciaba y si caía, ella estaba ahí
para ayudarme a levantar, no permitía que deje de hacer lo que me gustaba, esa
era mi madre, la que pasaba más tiempo conmigo, deseaba que papá también
estaría ahí pero él tenía otras necesidades, mis hermanos iban al colegio ellos
tampoco podían acompañarnos en nuestras salidas con mamá, así que el mayor
tiempo de la infancia lo pase con mi madre.
Como no recordar esa infancia, toda la familia juntos,
disfrutar la comida sobre nuestra mesa, ver pelear a mis hermanos, ver
molestarse a papá, llorar cuando deseaba algo, querer hacer las cosas que
hacían mis hermanos, jugar con sus juguetes, correr, pero aún era un niño, por
mi edad se me impedía hacer muchas cosas, así que dependía en gran manera de
mis padres.
Esa familia, esa infancia, los momentos vividos con ellos
son el mejor recuerdo que puedo tener en la vida, cuando pienso en todos
nosotros juntos, siento que inicia nuevamente mi vida, que es un nuevo
comienzo, un nuevo despertar, pero que esta vez rodeado no de personas con las
que me siento seguro, sino de una sociedad donde a veces tienes que pasar por cosas,
que desconoces, donde fracasas, donde caes, y observas que esa persona cuando
eras niño te ayudaba a levantarte, ya no está, se fue, pero te dejo y te enseño
algo importante, a ganar, perder y levantarte.
Todos en la calle me preguntan dónde está mi familia. Mis
padres tuvieron que partir, cumplieron el rol por el que vinieron al mundo,
dejaron sus huellas, recuerdos, incluso sus sueños, todo lo que ellos no
alcanzaron las estamos cumpliendo sus hijos.
Gracias seres
desconocidos por traernos al mundo, por criarnos, incentivarnos, ensenarnos,
corregirnos y por todo, gracias familia, ese niño que a principios no entendía
nada, ahora está cumpliendo su objetivo.

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